Creación de un nuevo dharma

Creación de un nuevo dharma

 

Nuestra propuesta es Zazen-do, el camino del zazen, la vía de la meditación sentada. Esta doctrina para la nueva era, sin ser pretenciosa, la entiendo, en un sentido muy general, como un conjunto de ideas, valores y principios de acción.

Desde hace algunos años he estudiado y practicado la disciplina de Fernando Flores sobre el lenguaje, los actos de habla que él llama hermenéutica pragmática o la Ontología del Lenguaje, como la llama Rafael Echeverría. Participé en el Club de Emprendedores organizado por Flores, donde aprendí diversas prácticas algunas de ellas muy alineadas con el budismo zen. Al igual que en la ontología del lenguaje, el zen indica la necesidad de hacernos responsables de nuestros actos, de asumir el compromiso de lo que somos.

Dentro de las creencias del zen, a nivel de mitología, como diría mi maestro Nishijima Sensei, se plantea la llegada de un nuevo buda: Maitreya, el buda del futuro, el Buda del amor que, según postula el maestro Thich Nhat Hanh, puede que no sea una persona, puede ser una comunidad. A esa idea debemos el nombre de nuestra sangha Maitreya y esta página  Maitreya zen. No nos referimos a una comunidad localizada específicamente en un lugar, si no la que formamos todos los que meditan alrededor del mundo, los que transitamos por el camino de zazen. Esa comunidad debe tener un entramado de valores muy abiertos, constituida por personas que se cuestionan la forma en que vivimos actualmente, aquella forma de vida que deja de lado la dimensión espiritual del ser humano y sobredimensiona la racional o el dictado de los expertos. Pienso que este cambio cultural global ya está ocurriendo. Se puede observar en la preocupación de la gente precisamente por prácticas como la meditación zen de la que proviene el mindfullness, la ontología del lenguaje y otras filosofías que cultivan el lado espiritual del ser humano.

Hace treinta años cuando comencé a meditar, en base a un libro de Yoga, para alinear los Chakras, no conocía a nadie más que meditara, medité sola por casi diez años hasta integrarme por primera vez a un grupo. Era difícil acceder a textos y la experiencia de otras personas. Hoy en día la práctica está aquí, accesible a todos y todas.

Sin duda este proceso de cambio se puede observar desde hace ya varias décadas en Occidente. Lo podemos remontar a los años ’70, cuando en Estados Unidos los movimientos antisistémicos, como el hippismo y el new age, hablaban de llegada de la Era de Acuario, época en la que se dejaría de lado el materialismo para iniciar una edad centrada en el bienestar espiritual de las personas, en el desarrollo intuitivo e intelectual, en la coordinación de emoción, lenguaje y corporalidad. En estas creencias, este proceso culminaría dentro de unos dos mil años.

Cuando hablamos de “nueva doctrina” en realidad nos estamos refiriendo al Dharma, enseñanzas cuyos orígenes se remontan a miles de años, la novedad se refiera a otro aspecto. Las tradiciones que nos traen las enseñanzas del Buda Shakyamuni y otros iluminados son extremadamente valiosas, sin embargo en la época en que estamos viviendo las personas hemos comenzado una nueva búsqueda, una que se haga cargo de las preguntas y preocupaciones actuales. Es hora de una propuesta nueva. Es fundamental recoger la tradición, conectarse con lo que se ha dicho, pero también crear  una doctrina nueva, que se puede construir entre todos nosotros.

¿Cómo debería vivir la persona? Feliz, liberada de sus sufrimientos, en busca de la sabiduría. No se trata de buscar la perfección sino muy por el contrario aceptar nuestra vida y su maravilla, paso a paso. El “Sutra del Corazón”, que se puede cantar o recitar luego de la meditación, se refiere al prajña, a la sabiduría, y este conocimiento es el corazón, el núcleo central de nuestra práctica. Practicamos zazen para ser felices aquí y ahora, no para un futuro, si no que momento a momento, ello te puede traer tranquilidad, corazón pacífico, te va despejando los nubarrones de la vida, no te produce daño alguno y cada sentada te trae una dosis de alegría.

Mucha gente piensa que saliéndose de la vida que actualmente lleva va a ser más feliz. Pero eso es una ilusión allá a la distancia, que salir de ahí donde está, es lo que los hará felices, pero no es así. No es lo qué haces tú, es el cómo lo haces.

Al quedarnos en la ilusión de cambiar nuestra vida primero y luego avanzar en nuestro desarrollo como personas y en nuestro crecimiento espiritual, nos lleva a la vez a alimentar una ilusión, que tal vez no llevemos nunca a la práctica y a postergar dicho anhelo, a postergarnos a nosotros mismos.

Si lo haces atento, respirando, cada vez más consciente, vas avanzando lentamente por el camino de Zazen-do, como el caracol que sube su montaña, paso a paso, bajo el sol y la lluvia, gozando, y desarrollando tu capacidad de amar.

 

 

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