
Miro hacia Europa, ricos en tradición, formaron la cuna de la civilización occidental como la conocemos. Hasta fines de la edad media, la civilización europea se encontraba sumergida en una búsqueda espiritual. Ese mismo entusiasmo llevó a la búsqueda del descubrimiento científico. Pero las sociedades materialistas de occidente han pasado su cenit. La búsqueda de metas materialistas nunca puede conducir a la felicidad. Los seres humanos tienen dos lados: el material y el espiritual. Si rechazamos el lado espiritual de nuestra naturaleza no podemos ser felices. Entonces, a pesar de que en las sociedades modernas la ciencia es todopoderosa, debemos ver que hemos perdido nuestras religiones. Creo que los países de Europa están buscando con todas sus energías un nuevo grupo de criterios según los cuáles vivir.
También miro hacia América. Es una tierra
esplendida, amplia y diversa. Nació en un continente vasto y se formó a través
de intentos y esfuerzo, con la sangre y el sudor de los pioneros. De esta forma
mantiene el espíritu de los pioneros: optimismo, espíritu práctico y el deseo
de experimentar, de probar cosas nuevas. Las civilizaciones se unen por el
acumulado peso de la tradición, pero América aún es joven, crece y evoluciona.
Siento que Occidente esta buscando una dirección, una filosofía unificadora, un punto de vista fundamental en el cual basar sus acciones, su vida. Pero ¿cómo puede una civilización tan amplia y diversa encontrar una filosofía de unificación? ¿Qué principio único podría reunir las esperanzas y deseos, las creencias y hábitos de tantas y variadas naciones?
Creo que el budismo podría cumplir esa
misión. Pienso que podría ser la filosofía de unificación que las personas en
Occidente buscan. Lo creo así porque el budismo es una filosofía que acepta
todos los puntos de vista, los estudia en forma crítica y luego va más allá de
ella, hacia la realidad, al mundo real. Si la civilización occidental pidiera
encontrar el budismo, si pudiera estudiarlo, absorberlo y transformarlo de
acuerdo al carácter individual de sus naciones, entonces tendría la teoría que
necesita para conducir su energía, sintetizar su diversidad y crecimiento hacia
una civilización realmente grandiosa. Esta
es mi esperanza para todos nosotros.
Si esta esperanza se ha de realizar, el budismo y los pueblos de Occidente han de reunirse. Deben ser presentados. Una conversación debe comenzar, y un largo, largo diálogo debe acontecer. Algunos dirán que el diálogo ya se dio: que el budismo ya encontró su nicho en las sociedades occidentales, y que su impacto en esas sociedades ha sido y seguirá siendo un tanto limitado. No creo que esto sea cierto. De hecho, creo que el verdadero budismo aún debe afianzarse firmemente en Occidente. Y, por lo tanto quisiera comenzar otra vez un nuevo diálogo basado en un fundamento completamente nuevo.
Si este nuevo diálogo ha de tener éxito, ambas partes deben hablar el mismo idioma. Nos encontramos viviendo en el mundo moderno. El mundo moderno es un mundo intelectual, un mundo de teoría y lógica. El budismo tiene una lógica muy profunda y abarcadora, un sistema teórico que puede traducirse en forma precisa en conceptos familiares. Descubrí este sistema teórico en un libro llamado Shobogenzo. Fue escrito hace setecientos años atrás por el monje zen japonés, Maestro Dogen. Creó que el Shobogenzo podría ser la base para un diálogo entre el mundo occidental y el budismo. Quisiera introducir el Shobogenzo al mundo occidental. Quisiera comenzar una conversación entre los pueblos de Occidente y el budismo; ¡De Inmediato!.







